LITERATURA BRASILEIRA

Textos literários em meio eletrônico

Hay amigo para amigo, de Manuel Botelho de Oliveira


 

Edição de referência:

Música do Parnasso. Pref. e org. do texto por Antenor Nascentes. 2vol.

Rio de Janeiro: INL, 1953.

 

 

 

 

HAY AMIGO PARA AMIGO

 

 

COMEDIA FAMOSA Y NUEVA

 

 

HABLAN EN ELLA

 

D. Lope     D. Leonor.

D. Diego    D. Isabel

Rostro       Flora

Puño         Dorotea

 

 

 

JORNADA PRIMERA

 

Sale D. Diego, y D. Lope

 

D. Dieg.        ¿Vos triste? ¿Vos congojado

¿Vos solícito al dolor?

¿Con desmayos la color?

¿Con alientos el cuidado?

 

Sin decirme la impiedad,

Tenéis voz de un sentimiento;

O es falso vuestro tormento,

O es falsa vuestra amistad.

 

Si sois mi amigo, es mal hecho

Que ignore tormento tal,

Pues, si ocultáis vuestro mal,

Ya me encubrís vuestro pecho.

 

Acabad pues de decirlo,

Para que lo sienta yo,

Que si un alma a vos me unió

Sin no podréis sentirlo.

 

D. Lop.         Aquel, que si al pecho enciende

El mismo ardor, que desea,

Con llanto se lisonjea,

Porque del agua desciende.

 

Aquel, que niño se adora

En el alma, y con razón

Pues en la misma pasión

A un tiempo fere, y llora;

 

Aquel, que cuando ocasiona

Al pecho infelice estado,

Quizá se muestra vendado

Por no ver lo que apasiona;

 

Aquel, que flechando, enlea

De flechero la mentira.

Pues, si es flecha lo que tira,

Es incendio lo que emplea;

 

Aquel, que se muestra alado,

Alas queriendo lograr,

Porque pueda ventilar

De su fuego lo abrasado;

 

Aquel, que dando el desvelo,

Hacer en el alma sabe.

Lo que el Piloto en la nave,

Y lo que el Sol en el suelo;

 

Aquel, que en el corazón

Ostentando dulce enleo,

No deja de ser deseo

En la misma posesión.

 

Ya lo entendéis, el Amor,

Bien lo tengo declarado,

Duro tormento me ha dado

Por manos de su rigor.

 

D. Dieg.        Pues decid, ¿quién es la dama

De tan amoroso fuego,

Que en grave desasosiego

Os comunica esa llama?

 

D. Lop.         Como os propuse de amar,

Es justo el obedecer,

Porque es deuda del querer

La obligación de agradar.

 

No digo que me escuchéis,

Que supongo la atención,

Ni pareciera razón

Advertir lo que sabéis.

 

Cuando al dudoso resplandor del Alba

Hace festiva, si canora salva,

La dulce multitud de ruiseñores,

Saltando en ramos, y brincando en flores;

 

Que hasta las brutas aves

En acentos suaves

Saben a los crepúsculos del día

Festejar con el canto su alegría.

 

Al ignorado arbitrio del destino

Por un prado frondoso me encamino,

Dando verdes lisonjas a los ojos,

Para feriarle al alma desenojos;

Pues con lo verde de espesura amena

Se desnuda lo negro de una pena.

 

Pero a la vista lejos se me ofrece

Un bulto, que parece

Ser cadáver hermoso,

Que al trance riguroso

Si se atrevió a su vida Parca impura,

Temió lo celestial de su hermosura,

Como quien se decía a su desvelo:

No entra la muerte en el hermoso Cielo.

 

Llego más cerca, y con temores veo

Para gloria feliz de mi deseo

Una perla; es vileza

A su rara belleza:

Una rosa; yo miento

En su encarecimiento:

Un ramillete; sigo

Yerros, en lo que digo:

 

Un Ángel; calle el labio

Tan manifiesto agravio:

Una Diosa; ¡qué errores

Me dictan mis amores!

Pero, si la encarezco deste modo,

Digo que vi, porque lo diga todo,

Una perla, una rosa,

Un ramillete, un Angel, una Diosa.

 

Dormiendo pues estaba,

Y piadosa ostentaba,

Que negando a sus ojos las acciones,

Dejaba de matar los corazones;

Como quien les decía,

Cuando entonces dormía:

Flechados corazones, quiero agora

Dar de barato a vuestra vida un hora.

 

En fin yo suspendido

No creía al sentido,

Que viva me mostraba

La que muerta hasta allí representaba;

Pero cuando de amores me vi muerto,

Por lo que causa acierto,

Que la muerte a sus ojos no maltrata,

Cuando a mi pecho con sus ojos mata:

De suerte pues, que matadora siento

La que juzgaba muerta el pensamiento.

 

O, si supiera (¡qué dichosa suerte!)

Contaros el motivo de mi muerte;

Mas aunque, como es justo, no prosiga,

Es acierto glorioso que lo diga,

 

Pues repitiendo de mi amor la historia,

Se convierte placer lo que es memoria.

 

El cabello se esparcía

Con desaliño dorado

Por el cuello matizado

De las luces, que ofrecía:

Pero entonces parecía

(Viendo el cabello sutil

Sobre el cuello en rayos mil)

Que muestra en bello tesoro

A jurisdiciones de oro

Obediencias de marfil.

 

Dado su rostro al reposo,

Purpúreo lo considero,

Cuando en los ojos pondero

Cerrar de su luz lo hermoso;

Que en ocaso luminoso,

Como soles se ocultaron,

Pero, cuando se encerraron,

Como era ocaso de soles,

Los purpúreos arreboles

En su rostro se quedaron.

 

Las perlas, que envidia Aurora,

Para destilar al prado,

Con receloso cuidado

En sus labios atesora:

Porque como teme ahora

Que a su labio carmesí

Se atreva el Aurora allí,

Para que, pueda cogerlas,

Guarda el tesoro de perlas

En un cofre de rubí.

 

Su mano bella aplicando

A una mejilla, parecen

Cuando tan juntas se ofrecen,

Que estan allí platicando;

Pues blandamente juntando

Del sueño leyes forzosas,

La mano, y mejilla hermosas,

Allí con voces serenas

Hablaban las azucenas,

Y respondían las rosas.

 

Muchas flores se ofrecían

A besar su planta breve,

Y sin temor de la nieve

Junto a sus pies florecían;

Dije pues, cuando tenían

De sus plantas los favores:

No es mucho, si en resplandores

Reina de las flores es,

Que llegue a besar sus pies

El vulgo de aquellas flores.

 

Quedo pues en amores encendido,

Dulce socorro al niño dios le pido,

Que aunque de niño su favor no quiero,

Cuando dios es llamado, bien lo espero.

 

De mi voz suspirada Amor piadoso,

Le quita las prisiones del reposo,

 

Que como intenta su propicio celo

Introducir en ella su desvelo,

No es bien que la consienta sosegada,

Si pretende en su pecho hacer entrada.

 

Despierta en fin de aquel letargo breve

Y el Sol los rayos de sus ojos bebe,

Que es Águila en favor de luminoso

El mismo Sol de aqueste Sol hermoso.

 

Pensad lo que dirían mis temores

En concetos de estrellas, y de flores,

En discursos de Luna, y bella Aurora,

En requiebros de Venus, y de Flora;

Mas yo amante, ella hermosa, bien publico

Los mismos pensamientos, que no explico.

 

Auséntase después tan rigurosa,

Que desdeña mi voz por amorosa,

Que es usado capricho de una dama

Hacer ludibrio de amorosa llama.

Mas cuando della me averiguo ausente,

El corazón mayores llamas siente,

Que es el fuego de amor tan desusado,

Que obra con más ardor en lo apartado.

 

O cuantas veces le decía amante,

Cuando se ausenta, el corazón constante:

Si pretendes matarme desa suerte,

Vuelve los ojos, y verás mi muerte;

Mas; ¡ay! que agora (mármol sordo) cuando

vas huyendo, tú me vas matando,

Que si otros matan, cuando van siguiendo,

vas matando, cuando vas huyendo.

 

Pero vo no la sigo, porque creo

Que es contra su recato mi deseo,

Porque es razón de estado en quien bien ama

Estimar el recato de una dama.

 

En fin de allí me aparto, conociendo

El soberano Sol, en que me enciendo,

Pues sé que vive agora retirado

En la dichosa esfera de aquel prado;

Haciendo en luces tantas

Que brillen flores, que florezcan plantas.

D. Leonor se llama, a quien su estrella

Hizo discreta, y bella,

Pues, por lucir mejor una ventura

Quiso dar el ingenio a la hermosura.

Ésta es la dama, que a valientes ojos

Robô de mis sentidos los despojos;

Ésta la luz, y el norte, dulce amigo,

Que ciego busco, que constante sigo.

 

D. Dieg.        Doña Leonor,  a quién amo,

¿Es de D. Lope querida?

¿Dé mi amigo es pretendida

La dama, por quien me inflamo?

 

 

Grave empeño! ¿Qué he de hacer

En tan varia confusión?

Que el hilo de la razón

Mi sentido ha de perder.

 

D. Lop.         Ya, D. Diego mi tormento

Logra en vos una fineza,

Pues os pudo mi tristeza

Motivar el sentimiento.

 

Que a los amigos se ordena,

(Si el sentir les pone en calma).

Pues son unos en el alma,

Sean unos en la pena.

 

Adiós, amigo. Váse D. Lop.

 

D. Dieg.        Id con Dios;

Y el Amor en esa guerra,

Que sólo incendios encierra,

Gane la palma con vos.

 

A Leonor D. Lope quiere,

A Leonor D. Lope adora,

Por Leonor D. Lope llora,

Por Leonor D. Lope muere.

 

Yo también amo a Leonor,

Y soy de Leonor amado;

Ella estima mi cuidado,

Yo solenizo su amor.

 

Si yo pretendo olvidarla,

Porque la quiere mi amigo,

Lo traidor con ella sigo,

Pues quiero entonces dejarla;

 

Si soy traidor, es mal hecho,

(Cuando yo tal cosa emprenda)

Que las traiciones aprenda,

Para ser fino, mi pecho;

 

Si pretendo conservar

Este amoroso querer,

De mi amigo el padecer

No ha de Leonor estimar.

 

Si mi amigo no es querido,

Temo, que sienta su muerte

En uno, y otro mal fuerte,

Amante, y aborrecido.

 

Si muere, no he de seguir

De mi amor el dulce acierto,

Pues siendo mi amigo muerto,

¿Cómo he de entonces vivir?

 

De suerte, que yo no sé,

En mi amor, en mi amistad,

Lo que es justo a mi lealtad,

Lo que compite a mi fe.

 

Cielos, en dolor tan fiero

Si a dos empeños me inclino,

Quitadme el amor, que afino,

O la amistad, que venero. Váse.

 

Sale Rostro

 

Rost.            Andad de priesa, pies míos,

Que la noche representa

En tanto horror mil espadas,

Que me buscan, y me cercan.

 

Sale Puño por otra puerta

 

Puño             Bien obscura está la noche,

Que porque más la encarezca,

Me parece por lo obscuro

Un cultidiablo poeta.

 

Rost.            Mas ay que se acerca un hombre.

 

Puño             Mas ay que un hombre se acerca.

 

Rost.            ¡Oh! si fuera muy cobarde!

 

P.                ¡Oh! si muy cobarde fuera!

 

R.                Recelo su fuerza hercúlea.

 

P.                Recelo su hercúlea fuerza.

 

R.                Volverle espaldas es justo.

 

P.                Justo es que espaldas le vuelva.

 

R.                Pero flaqueza parece.

 

P.                Pero parece flaqueza.

 

R.                Quién va, qué espera a decirlo?

 

P.                Quién va, ¿qué a decirlo espera?

 

R.                ¡Hay respuesta tan amarga!

 

P.                ¡Hay tan amarga respuesta!

 

R.                Bestia, ¿diga ya su nombre?

 

P.                ¿Diga ya su nombre, bestia?

 

R.                Plegue a Dios que sea Puño.

 

P.                Plegue a Dios que Rostro sea.

 

R.                ¿Es Puño?

 

P.                ¿Es Rostro?

 

R.                Borracho.

Morir ahora pudieras,

Si no te declaras luego.

 

P.                Yo juro por mi nobleza,

Que pues no moriste ahora,

Tu muerte nunca la veas.

 

R.                ¿Dónde vienes?

 

P.                Vengo, hermano,

De rondar una mozuela,

Que fuera linda, bizarra,

Airosa, discreta, y bella,

A no tener una falta,

Que tanto a su boca afea.

 

R.                ¿Y cuál es aquesa falta?

 

P.                Y cuáles; ser pedigüeña.

 

R.                Yo también ando con una,

Aunque yo solo me vea,

Y manco siempre en mi amor,

Porque ando mal en quererla.

¡Oh! como a mi bolsa flaca,

Su frentecilla serena

Siempre se muestra tan cara,

¡Que mil dineros me cuesta!

 

P.                Ya las historias antiguas

Conmigo son verdaderas;

Pues soy caballero andante,

Cuando paso sus rejas.

 

R.                Vamos d aquí, por si acaso

                   Un Orlando me acometa

                   Por mi Angélica angélica,

                   Que como el oro le suena,

                   Siempre Medoro me llama,

                   Con que soy Moro por ella.

 

P.                Si ¿quién ? nos preguntare

                   La justicia muy severa,

El conde de Puño en Rostro

Responderemos.

 

R.                Es buena

La respuesta, por librarnos

De corchetes, que nos prendan

Después de soltar las bolsas.

 

P.                Vamos pues, y alerta, alerta.

 

Digan arrogantes:

 

R.                Soy tan valiente, que nunca

                   Me vió el rostro la pelea.

 

P.                Soy tan diestro con mi espada,

                   Que huyo siempre con ella.

 

R.                Yo soy vaca en el conflito.

 

P.                Yo soy cordero en mis fuerzas.

 

R.                Aunque todos me hacen rostro,

                   Le desharé sus cabezas.

 

P.                Nadie pues a mí se oponga.

 

R.                Nadie pues a mí se atreva. Vanse.

 

                   Sale Doña Leonor de mañana, y sola

 

D. Leon.        Prado, que estás vestido

                   Con alegres colores

De fecundos verdores

Ve que Enero temido

Nieve sembrando, pierde

Con cándido rigor tu pompa verde.

 

Rio, que vas corriendo

Con pasos cristalinos

Por frondosos caminos,

Ve que el piélago horrendo

Te da, si te maltrata,

A vida de cristal muerte de plata.

 

Azucena, que al prado

Por fragrante, y nevada

Eres nieve animada;

Ve que te roba el hado,

Por dos causas violento,

La bella candidez, el dulce aliento,

 

Planta, que floreciente

Con juventud temprana

Eres pompa lozana;

Ve que Otubre inclemente

Te da, si te saluda,

A verde juventud vejez desnuda.

 

Rosa, que en tu hermosura

Por purpúrea, y fragrante,

Eres grana espirante;

Ve que tu desventura

Te otorga desabrida

A mucha gentileza poca vida.

 

Todo tiene mudanza,

A dulces alegrías

Son achaques, los días;

Nada firme se alcanza,

Dígalo, en voz quejosa

Prado, Río, Azucena, Planta, Rosa.

 

Sale Flora

 

Flor.             Dime, ¿qué penas, Señora,

                   Te maltratan enemigas,

Si merezco que me digas

Lo que dices a la Aurora?

 

Siendo triste, tu belleza

Al nacimiento dei día,

Cuando en otros la alegria

¿Empieza en ti la tristeza?

 

D. Leon.        No la sabré declarar,

Porque una pena al decir,

La sabe el pecho sentir

Mejor, que el labio explicar.

 

Mas decirtela es razón,

Que declarado un desvelo,

Camina siempre un consuelo

Desde el labio al corazón.

 

Bien sabes que amo a D. Diego

(¡Ay D. Diego de mi vida!)

Con firmeza tan lucida,

Que toda el alma es un fuego;

 

Sabes también que mi amor

Me paga sin trato doble,

Que quien se descubre noble,

No se enmascara traidor.

 

Soñando esta noche estaba.

(¡Ay rigor, ay tirania!)

Que muerto le conocia,

Si bien vivo se mostraba.

 

De suerte, Flora, de suerte,

Cuando el sueño me atormenta,

Su muerte se representa

En la imagen de mi muerte.

 

Sintiendo el rigor impio,

Si la noturna ocasión

Es sosiego al corazón,

Fué desasosiego al mio.

 

Levantéme condolida

(¡Ay amargo, ay triste lecho! )

Todo congojas el pecho,

Toda recelos la vida.

 

Cuando breves mis amores

Me prognostica este prado,

Cada flor a mi cuidado

Es un cometa de horrores.

 

Que voces en el jardin

Me dan hoy por recelosa,

La púrpura de la rosa,

Y la holanda del jazmin!

 

Cuantas veces mis temores

Llevados de una piedad,

Acusan la brevedad,

Mortal achaque de flores.

 

Juzga pues el pensamiento

Brevedades a mi amor,

Que el desmayo de una flor

Forma voz de un escarmiento.

 

Flor.             De tal muerte la crueldad

                   Sin razón tu pecho hiere,

                   Pues lo que el sueño refiere,

                   Lo desmiente la verdad.

 

Demás, que no lo percibo,

Pues dices con modo incierto

Que le conocias muerto,

Si bien se mostraba vivo.

 

Nunca verán tus enojos

Lo que en el sueño has temido,

Que aunque es visión de un sentido,

No lo será de los ojos.

 

D. Leon.        Ay, Flora, que con razón

                   Temo el mal, que en su desvelo

                   A las voces del recelo

Es eco la ejecución.

 

¡Oh! como igualdades,

Flora, La flor, y mi amor ofrecen,

Pues igualmente perecen

La, flor, y mi amor ahora;

 

Galán la flor se ostentó,

Galán mi amor se ostentaba,

La noche la flor acaba,

Mi amor la noche acabó.

 

Flor.             Deja, deja los cuidados

                   Lesos recelos fingidos,

Desos males mal temidos,

Aunque de ti bien llorados.

 

No tarda mucho D. Diego,

Que como suele, vendrá,

Y amante sosegará

Tu vano desasosiego.

 

La sombra obscura, señora,

Con densos vapores hecha,

Queda en el aire deshecha

A bella luz, que la dora;

 

Será deshecha también,

Cuando viniere tu dueño,

La sombra de aquese sueño

A la luz de tanto bien.

 

D. Leon.        Ya con vida le espero

Ya con el alma le aguardo,

Pues son cosas, que le guardo,

Porque con ellas le quiero.

 

Ya pues con deseos mil

Se me asegura un favor,

Que al Diciembre de un dolor

Llega de un bien el Abril.

 

Flor.             Alivia la pena luego.

 

D. Leon.        ¡Ah, si D. Diego viniera!

 

Flor.             No sientas congoja fiera.

 

D. Leon.        ¡Ah, si viniera D. Diego! Vase.

 

Sale D. Isabel y Dorotea

 

Dor.             ¿Qué estás tan enamorada?

 

D. Isab.        ¿Qué de hacer? Si el ciego Dios;

                   Desmintiendo lo divino,

                   Suele ostentar el rigor.

 

Dor.             Y dime, ¿nunca D. Diego

                   Esa constancia pagó?

 

D. Isab.        No es cosa nueva en los hombres

                   No pagar la obligación;

                   No quiere, porque es querido,

                   Que en causa de un disfavor,

Para bajar a lo ingrato,

Es lo querido escalón.

 

Dor.             ¿Es ingrato, siendo noble?

                   No entiendo la sin razón;

                   Que lo ingrato no se escribe

                   En el papel del honor.

 

D. Isab.        Mal haya pues Dorotea

                   La amistad, que motivó

                   Este cuidado sin pausa,

                   Este tormento sin voz;

                   Pues viéndole muchas veces

                   En mi casa, ocasionó

                   Curiosidad en mirarle,

Y escuchar su discreción,

Y de aqui tuve un deseo

Para mirarle mejor;

Deste deseo un agrado

Al alma mia llegó;

Finalmente del agrado

Vino (¡ay triste!) la afición.

 

Bien sé que dirás ahora

Que contra el recato: voy,

Si me expongo a los desaires

De una amorosa atención;

Pero si tu conocieras

El Flechero abrasador,

Yo te afirmo, y te encarezco,

Que no me culparás, no,

De aquesta flecha la herida,

De aquesta llama el ardor.

 

No puedo admitir consejos,

Que me intima mi blasón,

Porque al Monarca desnudo,

Como es del alma señor,

Juntamente con el alma

Le obedece la razón.

 

Demás, que cuando en lo amante

Le comunique un favor,

Queriendo con él casarme,

Ya que nobleza heredó,

Me defiende el Matrimonio,

Si me acusa la opinión.

 

Dor.             No sé cómo amor le tienes,

                   Si desdenes ostentó,

Que un desdén sirve de nieve,

Cuando un afecto es calor.

 

D. Isab.        ¡Ah! Dorotea, no digas,

                   Cómo amor le tengo yo,

                   Porque si el Amor es fuego,

                   Soplos los desdenes son;

                   Y si en las frías tinieblas

                   Luce más un resplandor,

                   También queda más brillante

                   Como luz una pasión,

                   Cuando de frios desdenes

                   Frias tinieblas sintió.

 

Dor.             Pero si ves que la suerte

                   Te ocasiona la opresión,

                   No quieras más el afecto,

                   Pues te buscas el dolor.

 

D. Isab.        Aunque al corazón maltrate,

                   Le conocerá desde hoy

Con amor, y con suspiros

Más valiente en su aflicción.

 

Viste una palma, que al aire

Con el pomposo verdor

Siendo sus plumas los ramos,

Es un frondoso pavón;

 

Tan bizarra, y tan hermosa,

Que en majestad superior

La República de plantas

Noble Reina la juró;

 

Si algún peso se le impone,

Se ostenta con más valor,

Que hasta una planta se indigna

De una humilde sujeción?

 

Y de aqueste movimiento

Contra el peso es la ocasión,

Que el Cielo la facultad

Del aire, y fuego le dió;

 

Ansí pues, si la fortuna

Impusiere al corazón,

Para humillarle el capricho,

El peso de su rigor,

 

Se mostrará más valiente,

Como palma, al peso atroz,

Con el aire de suspiros

Con el fuego del amor.

 

Dor.             Busca en fin algún remedio

                   A la herida dese harpón.

 

D. Isab.        He de pues mudar el nombre,

                   Por ver en esta sazón

Si la desdicha se muda,

Cuando el nombre se mudó;

 

Le dirás que Doña Elvira

A sus partes se inclinó,

Notando su gentileza,

Su nobleza, y discreción,

 

Y que en el hermoso prado,

Con él hablará mejor,

Si una obediencia merece

Quien un decoro arriesgó;

 

Y has de llevarle el recado

Con la promptitud mayor,

Que como él no te conozca,

Se asegura mi intención.

 

Dor.             Para casos semejantes

El rebozo se inventó.  Vanse.

 

Sale D. Diego, y D. Lope cono enfermo.

 

D. Lop.         Siempre se precia de dura

                   Leonor bella a mi tristeza,

                   Que siempre fué la dureza

                   Hermana de la hermosura.

 

D. Dieg.        Pues decid, que habéis de hacer

                   Si sentís lo riguroso; (aparte)

                   ¡Oh si el cuidado amoroso

                   Le dejase de encender!

 

D. Lop.         Si la porfia batalla

En la guerra de un rigor,

Siempre rinde su valor

De la esquivez la muralla;

 

Ostentando pues firmeza

He de ver, si venzo yo

Con porfia a quien, venció

Mi corazón con belleza.

 

D. Dieg.        Ved, D. Lope, que se alcanza

                   Con la dama grosería,

Cansarla con la porfia,

Porque parece venganza.

 

Siempre tiene amor injusto,

Si es con ella porfiado,

Pues le motiva el enfado,

Y se le opone en el gusto;

 

Y amor no se ha de llamar,

Pues de amor no son costumbres,

Ocasionar pesadumbres,

A quien pretende agradar.

 

D. Lop.         No paséis más adelante,

                   Que un afecto generoso,

                   Si pierde por amoroso,

                   Puede ganar por constante.

 

Con lo frágil de una flor

Mostrarse amante no es bien,

Cuando al soplo de un desdén

Se desvanece un amor.

 

Que flaco amor, sobre necio,

Aquese se llamaria,

Pues queda sin valentia,

Si le acomete un desprecio.

 

Y fino amante no ha sido,

Cuando deja el padecer,

Pues no quiso por querer,

Sino para ser querido

 

Si las porfias apura

Quien conquista una ciudad,

Sufra también la igualdad

Quien conquista un? hermosura.

 

Será después admitido

Lo fino de su cuidado,

Porque merece lo amado,

Como premio, lo sufrido.

 

La porfia, que en seguirla

Se empeña amorosa llama,

No es para enfadar la dama,

Es sólo para sufrirla.

 

Y tan fuera está cansarla,

Si el tormento amor adquiere,

Que quien sufrirla no quiere,

Muestra que no quiere amarla.

 

D. Dieg.        No os replico, pero dad

                   Algún remedio al dolor,

                   Que si vos moris de amor,

                   Yo moriré de amistad.

 

Cuando vos estáis doliente,

Y el alma siente afligida,

No arriesgáis sólo una vida,

Dos se arriesgan juntamente.

 

Cruel en vuestro tormento

Con vos, y conmigo estáis,

Con vos, porque os maltratáis,

Conmigo, porque lo siento.

 

Por gran, lástima se advierte,

Si el amor matar os trata,

Pues ninguna pena os mata,

Sólo un gusto os da la muerte.

 

D. Lop.         Si muero, D. Diego, es justo

                   El morir, pues se me ordena,

                   Si otros mueren de una pena,

                   Que yo me muera de un gusto.

 

Este amor en fin, que ofrece

Mi pecho a Leonor amada,

Moriré, si no le agrada,

Viviré, si le agradece.  Vase.

 

D. Dieg.        Amor empieza a mover

                   Contra amistad guerra dura,

                   Aquésta vencer procura,

                   Aquél procura vencer;

 

Si el amor quiero emprender,

La amistad estoy buscando,

Y en varia contienda, cuando

Una, y otra cosa emprendo,

Dejo lo que voy siguiendo,

Sigo lo que voy dejando.

 

¿Cuál ha de ser vitorioso

Decid, Alma, a mi dolor?

Venza el amor, que el Amor

Más que todo es poderoso:

Pero no, que es riguroso,

Si vence Amor; pues se advierte

Que mi amigo desta suerte

Ha de morir, y es injusto

Que cueste ahora mi gusto,

A quien bien amó la, muerte.

 

Venza la amistad: iras no,

Que con mi amor me desmiento,

Pues inconstante escarmiento

Lo que firme se juró.

 

Venza el Amor: pero yo,

Si el amor quiero estimar,

Con la amistad ¿qué he de obrar?

¿Qué ocasión he de seguir?

O mi amigo ha de morir,

O mi amor ha de acabar.

 

Venza la amistad, que fuera

Poca fe, si bien se infiere,

Si lo que mi amigo quiere,

Yo mismo no lo quisiera:

Demás que el pecho pondera

En amor desigualdad,

Pues halla mi voluntad

Para seguir el honor,

Sólo el gusto en el amor,

Y el honor en la amistad.

 

Leonor no se ha de quejar

De que pida a su belleza

El alma, que mi firmeza

Hasta aqui le quiso dar;

Que en amistad singular,

Que con, D. Lope tenia,

Era suya, y no podria

En la dulce ardiente llama

El alma dar a mi dama,

Pues el alma no era mia.

 

El Amor, en lo que veo,

No se queje, si consiento,

Al pesar del pensamiento

Dar lo, mismo que deseo;

Que doy mucho no lo creo,

Aunque Amor lo diga ansí,

Pues dando a D. Lope aqui

Lo que agradaba a mi fe,

Que mucho que un gusto dé

A quien un alma le di?

 

Ni hoy debo estar quejoso

De que Leonor compasiva

Con brazos de amor reciba

De mi amigo lo amoroso;

Pues si el primor generoso

De mi amistad pudo darle

Ser otro yo desearle

Leonor, no será perderme;

Pues no deja de quererme

Cuando se empeña en amarle.

 

Ríos, ya mi amor se llora,

Plantas, ya mi amor se aleja,

Flores, ya mi amor se deja;

Aves, ya mi amor se ignora;

Hombres en fin, se atesora

Vuestra afición la firmeza,

No me culpéis la extrañeza,

Pues si dejo mi afición,

Lo que en otros es traición,

En mi viene a ser fineza.

 

Vase D. Diego

 

 

 

JORNADA SEGUNDA

 

Sale D. Leonor, y Flora

 

D. Leon.        Ya tarda D. Diego, cuando

                   Con tantas ansias le espero:

                   ¡Oh cómo muchas tardanzas

                   Pensiones son de un deseo!

 

Flor.             Estimarlas te conviene,

                   Que ese alivio pretendiendo,

                   La gloria aumenta de un logro,

                   De una tardanza el desvelo.

 

D. Leon.        Dices bien, que en lo penoso

                   Sabe mejor, al tenerlo,

Con lo amargo de una pena

Lo gustoso de un consuelo.

 

Si quien un contento alcanza

Cuando otro gustaba es cierto

Que no se logra aplaudido,

Porque no viene a ser nuevo.

 

Agora es bien que en lo tardo,

Si el placer estoy previendo,

Se anticipe una congoja

Para aplaudir un contento.

 

Flor.             Mas dejando aquesto a parte,

                   Sabrás, señora, que un pliego

                   Para ti me dió D. Lope,

                   La diligencia advirtiendo

 

                   Y con temor, y osadia,

                   Entre si tibio, y resuelto,

                   Dando el papel parecia

                   Que lo daba sin quererlo.

 

Mira, señora, la carta, (Dale)

Y en sus razones veremos

Si de D. Diego. su amigo

Son enemigos sucesos.

 

D. Leon.        Leo el papel temerosa

Ya con mil sustos abierto,

Queriendo ver, se averiguo

Las desdichas, que no quiero.

 

Lee

 

Hermoso siempre, siempre atormentado

Tu rostro agrada, vive el pecho mio;

Róbame el alma, vence mi albedrio,

Sufre el rigor, estima su cuidado

Mi pecho amante es, tu rostro amado

En prisión dulce, en grave señorio

Tu rostro blando, tu rigor impio

Al pecho gloria da, tormento ha dado.

Con luz tu rostro, el pecho sin reposo

Externo resplandor, dolor interno

Muestra agradable, siente lastimoso;

Tiene con gracia pues, con mal eterno

Tu rostro bello, el pecho congojoso

El Paraiso alegre, el triste infierno.

 

D. Leon.        ¿D. Lope aquesto me escribe?

                   ¿D. Lope me escribe aquesto?

                   Cuando D. Diego me quiere,

                   ¿D. Lope me está queriendo?

                   ¿Esto es amistad? Oh siglo

                   Con tus engaños perverso

Que se juzgue por amigo

¿Un enemigo encubierto?

Oh costumbre de traiciones!

¡Oh tirania de enredos!

Que para hacer más seguros

Al corazón sus intentos,

¡Los causan, sin prevenirlos!

¡Los obran, sin conocerlos!

Cuando D. Diego me afirma

Con alto encarecimiento

Que es de antiguas amistades

La suya feliz compendio,

¿Cómo en D. Lope hallo ahora

Esta traición? ¿Cómo, oh Cielos,

Permitis corazón doble

Contra corazón sincero?

Mal haya el dia, en que viste

Mi presencia, amaneciendo,

Cuando en el Cielo la Aurora

En tu juicio el desacuerdo,

Con que formando palabras

De amoroso arrojamiento,

Quizá de tantas locuras

Se estaba Aurora reyendo.

Aunque a D. Diego olvidase,

Flora amiga, te encarezco

Que nunca viera D. Lope

El dulce amoroso premio,

Porque, cuando sus dobleces

Medrosamente estoy viendo,

Quien temo amigo alevoso,

Amante alevoso temo;

Que en su amor muchas traiciones

Por consecuencias infiero,

Que de un imperfeto amigo

Se hace un amante imperfeto.

 

Flor.             Buenos amigos de ogaño

Juro por Dios que son buenos;

Pero alli D. Diego viene, Señora.

 

Sale D. Diego

 

D. Leon.        Querido dueño,

De mi corazón la pena,

Y de mi pena el sosiego,

¡Oh cuánto me pesa! Oh cuánto!

(Si estuve yo padeciendo)

Sólo porque el alma es tuya,

Que la maltrate el tormento

¿Cómo tardaste? ¿qué hiciste?

¿De qué te muestras suspenso?

En el papel de tu rostro

Mi desdicha estoy leyendo,

Vuélvete, Flora, allá fuera, (vase)

Solos estamos, ¿qué es esto?

¿Tú con tristeza me miras?

¿Porventura tienes celos?

¿No sabes que soy constante?

¿No conoces los excesos

De mi amor? ¿pues cómo ahora

Te veo ansi? no penetro

De tus tristezas la causa;

Empieza, no tengas miedo,

Habla, dime, ¿qué has sentido?

No me encubras lo que siento,

Si encubres por no matarme,

Ya de sentirlo me muero;

Pero si no me declaras

El dolor, que estoy temiendo,

Hoy lo sabré de ti propio,

Si lo pregunto a mi pecho.

 

D. Dieg.        Ya llegó, Leonor hermosa,

                   (No sé si decirlo puedo)

                   Al dia nocturna sombra,

                   Al Verano duro Invierno,

                   Al clavel desmayo triste.

                               A la llama fin violento;

Y por decir mucho en poco,

Mi amor se acaba, y te pierdo.

Mira ahora en lo que digo,

Si es mal para padecerlo,

Si es dolor para sentirlo,

Si es pena.

 

D. Leon.        Basta D. Diego,

Que cada voz, que pronuncias,

Es un tósigo que bebo;

Pero cuando en mis firmezas

Con las montañas me apuesto,

No temas, D. Diego mío,

Que en amorosos empeños

Dia, Verano, clavel,

Y llama se acaben presto;

Pues para el dia le guardo

De lo firme el lucimiento;

Para el Verano las flores

De mis finezas prevengo;

Para el clavel en mi llanto

Vital rocio le vierto;

Para la llama en suspiros

Le estoy fomentando el viento;

Quiero decir que mi amor,

Como lo explicastes siendo

Dia, Verano, clavel,

Y llama firme, le veo

Con lucimiento, con flores,

Con agua, y viento, que ofrezco,

Cuando constancias apuro,

Cuando finezas conservo,

Cuando lágrimas derramo,

Cuando suspiros aliento.

Dime en fin el triste caso.

Que parece injusto efeto,

Que sobres para sentirlo,

Y faltes para exponerlo.

 

D. Dieg.        ¡Ay! Leonora, que las voces

                   Me aprisiona el desconsuelo.

 

D. Leon.        No lo explicas, y lo sientes;

                   ¿Cómo, mi bien, cuando es menos.

                   No puedes dar al aviso

Lo que das al sentimiento?

 

D. Dieg.        Sabrás pues que la fortuna

                   Por dar al amor, que tengo,

                   Las antiguas opresiones,

                   Que merece por discreto,

                   Ocasionó que mi padre

Con rigurosos precetos

Me casase.

 

D. Leon.        ¿Qué me dices?

 

D. Dieg.        Me casase.

 

D. Leon.        No te entiendo.

 

D. Dieg.        Y por dar ejecuciones

A lo mismo que aborrezco,

En veinte dias dilata

Los siglos del casamiento.

Ésta es, Leonor, la desdicha,

(Amarga invención consiento)    ap.

Que desenlaza dos almas

A pesar de un ñudo estrecho.

 

D. Leon.        Gran mal la suerte publica

A nuestro amor, yo confieso

Que es gran mal, pero conozco

Facilidad al remedio;

Porque puedes responderle

A tu padre con despejo

Que no hay estado dichoso,

Si el albedrio es sujeto;

Que el forzado matrimonio

Cuando sin gusto se ha hecho,

En vez de ofrecer el alma

Solamente entrega el cuerpo

De suerte que con violencias

El estado no es perfeto,

Pues si el alma falta entonces,

Es un matrimonio muerto.

En fin con estas disculpas,

O con otras que no expendo,

Lisonjeas lo amoroso,

Y te quitas lo molesto.

 

D. Dieg.        Obedecer a mi padre

Es justo, que a lo que debo,

Ser hijo y ser obediente

Es en lo noble lo mesmo.  (ap.)

¡Quién vió, Cielos, lo que obliga

Una amistad, que profeso,

Pues deseo que se estorbe

Hoy lo mismo, que deseo!

 

D. Leon.        D. Diego, cuando en las almas

                   El amor hay de por medio,

                   Como ciego en las finezas

                   Se hace sordo a los consejos.

 

D. Dieg.        Un odio en mi padre alcanzo,

                   Si a mi padre no obedezco.

 

D. Leon.        ¿De suerte si, que procuras

                   Abrazar el desacierto?

 

D. Dieg.        Perdona, Leonor querida,

                   Si contra tu amor te dejo.

 

D. Leon.        Ingrato, pérfido amante,

                   Que estás ahora añadiendo

                   A las culpas de alevoso

                   Los delitos de grosero, Dime,

                        ¿Dónde está lo firme?

                        ¿Dónde está lo verdadero?

                   ¿Dónde dejaste lo fino?

                   ¿Dónde trujiste lo exento?

 

¿Éstos eran los halagos?

¿Éstos eran los extremos?

¿Éstos eran los cariños?

¿Éstos eran los requiebros?

 

¿Cómo ahora en mi presencia

Me dijiste sin respeto:

¿Perdona, Leonor querida,

Si contra tu amor te dejo?

 

¿Qué dirán aquellos prados,

Donde, lo verde vistiendo

La esperanza asegurabas

Del casto amoroso lecho?

 

¿Qué dirán aquellas plantas,

Cuando notaban, al vernos

Aun más, que en sus ramos hojas,

En tus palabras concetos?

 

¿Qué dirán aquellas flores,

Donde afirmabas por cierto,

Aunque flores tus finezas,

Den firmes el privilegio?

 

Ya creo que prados dicen

Que maltratarme estoy viendo,

Como el Enero a su pompa,

De mis penas el Enero.

 

Ya creo que plantas dicen

Cuando sus hojas pondero,

Que eran hojas de palabras

Tus traidores pensamientos.

 

Ya creo que flores dicen,

Si tus dobleces advierto,

Que visten menos colores,

Que ornaban tus fingimientos.

 

Quién me dijera, ¡ah fortuna!

Que de amor el oro bello

La pildora de traiciones

Tenia entonces cubierto.

 

Quién me dijera, ¡ah desdicha!

Que un voracisimo fuego

Debajo de unas cenizas

Tan blandas estaba puesto.

 

Quién me dijera, ¡ah pesares!

Que a voces de llanto tierno

Me llamaba lastimoso

Un cocodrilo sangriento.

 

Quién me dijera, ¡ah rigores!

Que de engaño un áspid fiero

Entre flores de esperanzas,

Ocultaban los deseos!

 

Salga en fin del pecho, salga

Tu imagen, que ya recelo

Que enfermedades de ingrato

Pueda pegarle a mi pecho.

¡Oh cómo ahora me aflige,

Tus mudanzas conociendo,

Todo el tiempo mal gastado

 

En amoroso sustento!

Pues cuando en glorias de amante

Tristes memorias revuelvo,

Aquellos dias de gloria

Los juzgo siglos de infierno

Vuélvete pues para ingrato,

Que me corro, si me acuerdo

De que suya me llamase,

Quien tan villano se ha vuelto.

 

Vase

 

D. Dieg.        ¿Qué es esto, amor? no porfies

                   Con la amistad, que venero;

                   ¿No ves que más de lo amigo

                   Que de lo amante me precio?

 

Cesen ya tus desvarios,

Enmudezcan ya tus ruegos,

Cállense ya tus porfias,

Mueran ya tus devaneos.

 

Mas ¡ay! fiero amor, que agora

Se conocen acá dentro

Cuando en tu vida los fines,

En tus llamas los alientos.

 

Bien asi, como en sus rayos

Un encendido lucero,

Que es estrella de la tierra

En emulación del Cielo;

Si a su resplandor le faltan

Los vitales alimentos

Entre lucidas congojas

Empieza a estarse muriendo;

De suerte que en sus desmayos

Con más luminoso esfuerzo

Aviva más lo flamante

Cuando llega lo postrero.

 

Lucero también del alma

Cruel amor, te contemplo;

Cuando en tus vivos ardores

Te miro estar pereciendo,

Pues avivas más tus llamas

Cuando acaban tus incendios.

 

Sale Puño

 

Puñ.             Dime, señor, ¿quién te puso

                   En tu rostro tales gestos,

                   Que pueden servir al gato,

                   Buscando el ratón incierto?

 

D. Dieg.        Deja, Puño, los donaires,

Que quien vive en sufrimientos,

Aumenta el tormento propio,

Si atenta al placer ajeno.

 

Puñ.             Deja, señor, las tristezas,

                   Que quien vive muy contento,

                   Se enfada mucho, si el otro

                   Con él se está maldiciendo.

 

D. Dieg.        Amor; amor, no batalles,

                   Amistad, no haya recelos,

                   Que aunque amor es poderoso,

                   Ya su poder es deshecho.

 

Puñ.             Él agora en loco ha dado

                   Sobre amante, por S. Pedro,

                   Con que loco sobre loco

                   Muestra en fin su entendimiento.

                   ¿Podré, señor, de tu boca

                   Saber aqui lo que es eso?

 

D. Dieg.        Bien sabes que amo a Leonora.

 

Puñ.             Adelante, venga el resto.

 

D. Dieg.        Sabes también que D. Lope Es mi amigo.

 

Puñ.             Y contra el tiempo.

 

D. Dieg.        Sabrás pues que él es amante

                   De Leonora, no sabiendo

                   Que a Leonor, y al alma mia

                   Para rendir a dos pechos,

                   Vibrara harpones dorados

                   De Chipre el rapaz flechero.

 

Puñ.             ¿Dorados? Hermosa herida,

                   Siempre me .hieran con ellos.

 

D. Dieg.        Dije a Leonor que mi padre

                               Arrojado en lo severo

Me casó.

 

Puñ.             ¿También mentimos?

 

D. Dieg.        Porque con ella pretendo

                   Que ame á D. Lope mi amigo,

                   Y no, sin razón lo creo:

                   Que una mujer, cuando quiso,

                   Y padece algun desprecio,

                   En despique de su gusto

                   Admite cualquiera empleo.

                   Pero Leonor ofendida

                   Conmigo airada se ha vuelto,

                   Culpándome las mudanzas

                   Tan rigurosa, que pienso

                   Que si allí no me alentasen

                   Sus ojos, muriera luego,

                   De suerte que por matarme

                   Airado rigor moviendo,

                   Se estorba a si con los ojos

                   Lo que causa con el ceño.

 

Puñ.             A tal ficción, voto a Cristo,

                   Que no la formara un Griego;

                   Pegástela como sarna,

Estaré de ti muy lejos.

 

¿Es posible que ese engaño

A un Angelito supremo,

Sin mirar por su inocencia,

Formaron tus embelecos?

 

Ea señor, no maltrates

Al azucenado objeto,

Ve regarlo con tu llanto,

Que no la marchite el hielo.

 

No consientas, no, que pierdas

(Ve que lo murmura Venus)

Un melindre de cristales,

Un donaire de luceros.

 

D. Dieg.        Calla, Puño, no parezcas

Con tus gracias, como aquellos

Que por medio de graciosos

Tienen fama de indiscretos.

 

Puñ.             Nada les cuesta a los mismos

                   Ser indiscretos, que en serlo

                   Les dan de gracia el renombre.

 

D. Dieg.        Siempre es barato lo necio.

 

Puñ.             Pero sabrás que en tu casa

                   Te espera con gran secreto

                   Un demonio, o una mujer,

                   Que poco lo diferencio,

Ocultando con rebozos

(Poquito de culto hablemos)

Los flamigerantes globos,

Los albicantes reflejos,

Los rubicundos distritos,

Y los gemíferos senos.

Si no me entendiste ahora,

Una verdad te revelo,

Pues aqui solos estamos,

Que para haber de entenderlo,

Lo que digo, he menester

Para mi propio un comento.

 

D. Dieg.        Es lenguaje de Poetas

De los que llaman modernos.

 

Puñ.             Ésos no se alaban cisnes,

                   Porque se precian de cuervos.

 

D. Dieg.        Voy pues ver quién es la dama,

                   Que con ella hablar intento,

                   Y de camino en las casas

                   De mi amistad te encomiendo

                   Que las puertas de tus labios

                   Cierre llave del silencio;

                   Que no siempre los criados

                   Han de estragar los secretos.

 

Puñ.             Con una palabra sola

Te respondo ansi, prometo.  (Vanse)

 

Sale Rostro con un diamante, y muy contento.

 

Rost.            Diome un diamante lustroso

                   Mi amo, y me encomendó

                   Que a Flora lo diese yo,

                   Que es amante dadivoso.

 

Bien sé que dice un bergante

Que el diamante es para Flora,

Pero miente, porque ahora

Para mini es el diamante.

 

Señores, no lhe de llevarlo,

Pues si es bien a mi pobreza,

¿No será mucha simpleza

Tener el bien, y dejarlo?

 

Señores, ésta es mi gloria,

Que no me acuerdo al sentilla,

Dar el diamante a Florilla,

Que el diamante no es memoria.

 

No admiren las ocasiones

De mi doble deslealtad,

Que criados en verdad

Son criados en traiciones.

 

Mira muchas veces el diamante.

 

El diamante, ¡qué alegria

A mi avariento deseo!

Es más fondo, si lo veo,

Que un punto de Teología.

 

Con su dureza me alegro,

Que no puede deshacerse,

Pues por más encarecerse

Es tan duro, como un suegro.

 

Éste es con mucha razón

En la tierra más preciado,

Que en el Cielo el inflamado

Flamenguillo vellacón.

 

Mas ¡ay! que alli Puño viene,

Escondo el diamante ansí.

 

Esconde el diamante con presteza, y sale Puño

 

Puñ.             ¿Qué esconde?

 

R.                Lo que escondi.

 

Puñ.             Muéstrelo acá.

 

R.                No conviene.

 

Puñ.             ¿No sabe que soy su amigo,

                   Y siempre le quise bien?

 

R.                Lo mismo digo también,

                   Nunca le fui su enemigo.

 

Puñ.             ¿No sabe, pues no le asombre,

                   Que amor en nosotros siembra,

                   Pareciendo usted el hembra,

                   Cuando yo parezco el hombre?

 

¿No sabe, si nos pedia

El ventero más del gasto,

Que cuando nos daba el pasto,

Grandes bestias nos hacia?

 

¿No sabe, yo lo refiero

Cuando bebimos, hermano

Aquel vino tan cristiano,

Que lo bautizó el ventero?

 

Si sabe nuestra amistad,

Muestre en fin lo que escondió

Que lo quiero ver

 

R.                Yo

                   Lo muestro por su lealtad

 

                   Dale el diamante

 

P.                ¡Es diamante! en contemplarlo

Me está enamorando el alma,

Bien lleva a piedras la palma;

¿Quién se lo ha dado?

 

R.                El no darlo  ap.

 

P.                ¿Qué dice?

 

R.                Bestia, ¿no sabe

Que mueren damas por mí?

Pues una lo dió.

 

P.                No vi

Dama liberal.

 

R.                Suave

Es mi requibrillo.

 

P.                Quiero

Para mi dama el diamante.

 

R.                Nullo modo sor hurtante.

 

P.                Mammavit sor caballero

 

R.                El diamante ha de volver,

                   Porque el diamante no es mio.

 

P.                No lo ignoro, pues confio

                   Que ahora mio ha de ser.

 

R.                Déme el diamante, que es

                   Grande bajeza tomarlo

A quien no dudó mostrarlo.

 

P.                Yo se lo daré después.

 

R.                Amigo Puño, dé pues

El diamante.

 

P.                ¿Para qué?

 

R.                Para lo, que yo me sé.

 

P.                Yo se lo daré después.

 

R.                Mal hayan sus leves pies,

                   Que le trujeron, dé ya

                   El diamante.

 

P.                Esperará.

Ya se lo daré después.

 

R.                Vive Dios que he de matarle.

 

P.                Si, después que me muriere. Vase

 

R.                Pícaro ladrón, espere,

Que la vida he de robarle.

 

Vase tras él.

 

Sale D. Isabel rebozada, y D. Diego

 

D. Dieg.        De una criada vuestra persuadido

                   Vengo, bella señora, obedeceros,

                   Y si desafiarme habéis querido,

Ya me ha muerto el motivo de quereros;

Mas siendo vuestro intento obedecido,

Sólo me falta en la pelea el veros;

Ea pues entre lúcidos enojos

Las armas esgrimid de vuestros ojos.

 

Mirad que al dia le tenéis quejoso,

Cuando ahora negáis los esplendores,

Y mirad, que sintiendo lo amoroso,

No es bien que ignore quién me causa ardores;

Al dia pues quitad lo tenebroso,

A mi amor aliviad en sus dolores,

Prestando en igualdades de alegria

Venturas a mi amor, luces al dia.

 

Pero ya no me admiro, hermosa dama,

Cuando el rebozo en vuestros ojos dura,

Que siempre se atrevio contra su llama

Al Sol radiante la tiniebla impura:

O como agora, si mi amor se inflama,

Os averiguo Sol, con nube obscura,

Pues si entre nubes su esplendor se siente,

Cuando menos lucido, es más ardiente.

 

Si abrasáis a mi pecho atormentado,

¿Cómo al rebozo no abrasáis, señora?

Pues si él está más cerca de inflamado,

¿Cómo el incendio, que causáis, ignora?

Mas no, que si es incendio ocasionado

De vuestros ojos, justamente agora,

(Como rayos de fuego si descienden)

Siendo parte mejor, al alma encienden.

 

Si matáis disfrazada desa suerte,

No ganáis en la muerte noble gloria,

Porque con el disfraz dando la muerte,

No es de vuestra hermosura la vitoria:

Trazas no busquéis, no, pues bien se advierte,

Cuando tenéis de Parca, ejecutoria,

Que para ocasionar mortal fiereza,

No ha de buscar más trazas la belleza.

 

Abrid en fin, abrid a vuestros soles

Esa obscura cortina, que a sus rayos

Los mios servirán de girasoles,

Sin temer del incendio los desmayos;

Y haciendo de flamantes arreboles

Con mi rendido amor bellos ensayos,

Viendo al Sol, siendo amante, seré luego

Ciego de vuestra luz, de mi amor ciego.

 

D. Isab.        Mirad, D. Diego, bien que lisonjero

                               No ha de mostrarse quien se afina amante,

Que ansí pierde el amor lo verdadero,

Aunque quiera ganar en lo constante:

Pero si en vos habita lo sincero,

Pero si en vos se niega lo inconstante,

Por quedar vuestro amor más satisfecho,

Descubro el rostro a quien descubre el pecho.

 

Descúbrese D. Isabel

 

D. Dieg.        Doña Isabel, hermosa es Doña Elvira,

                   Buen engaño por Dios.

 

D. Isab.        Em mi desvelo.

Este engañoso enredo no se admira,

Pues basta ser de un amoroso duelo;

Mas aunque injusta la invención se mira,

Siendo para casarme, quiera el Cielo

En la ocasión, que amor os manifiesta,

Aunque el medio es indigno, el fin lo honesta.

 

Sabréis pues (yo lo siento) que inclinada

El alma os tuve, bien que en mi respeto,

Con el civil temor de enamorada,

Vinculé mi afición con el secreto:

Hoy quiebro la prisión de recatada,

Aunque nunca a mi amor os vi sujeto,

Porque satisfaciendo lo quejoso

A quien no puede amante, logre esposo.

 

D. Dieg.        Agradezco, señora, en el miraras

                   El motivo dichoso de quereros,

Que quien no paga ansi deudas de amaros,

Viene a negar la obligación de veros:

Nadie puede en lo bello contemplaros,

Si merece el favor de conoceros,

Que no sienta igualmente competiros

Penas de amaros, dichas de sufriros.

 

Pero averiguo estorbo a vuestro intento

Cuando sabéis que soy constante amigo

De vuestro hermano, a quien mi pensamiento

Se ha de ofrecer traición, si lo prosigo:

De suerte que el amor en lo que siento,

Y también la amistad en lo que sigo,

Ambos me exhortan, y en espacio breve

Me enfrena la amistad, si amor me mueve.

 

Debéis agradecer el desengaño,

Aunque lo juzgue amor por villania,

Que haciendo a vuestro hermano, doble engano,

También a vuestra cuenta competia:

De suerte, si os evito aqueste daño,

Más amor os ostenta el alma mía;

Soy pues, señora, en caso semejante

Cuando menos os amo, más amante.

 

D. Isab.        De vuestra cortesía estoy pagada,

                   Aunque se oponga al pretendido empleo,

                   Pues viendo esa fineza, que me agrada,

                   Mayor motivo para amaros veo:

                   Ya queda mi afición mas acertada,

                   Si esa fineza en la amistad os creo,

                   Pues seréis fino en amoroso estado

                   Si con una amistad, con un cuidado.

                   Si mi hermano, D. Lope, conociere

                   Que el corazón os ama enternecido,

                   Premiando vuestra fe, si la supiere,

                   Cumplirá mis deseos conmovido:

Pues cuando esa fineza le advirtiere,

Con más razón hará lo pretendido

De suerte pues que del favor presente,

Cuando lo desecháis, sois pretendiente.

 

D. Dieg.        Alentado mi pecho venturoso

Con la que prometéis dulce esperanza

A cruel tempestad de lo penoso

Ya parece que llega la bonanza.

 

D. Isab.        Aliento corazón en lo amoroso.

 

D. Dieg.        Una vitoria mi amistad alcanza.

 

D. Isab.        Yo firme quiero.

 

D. Dieg.        Yo constante sigo.

 

D. Isab.        La fe de amante

 

D. Dieg.        La verdad de amigo (Vanse )

 

Sale D. Lope, y Rostro

 

D. Lop.         Ya que ingrata mi Leonor

                   En papeles que envié,

                   Lo que se debe a una fe,

                   Lo paga con un rigor;

                   Muera pues, y desta suerte

                   Agradezca su fiereza,

                   Pues le ostento una fineza

                   Cuando me causa una muerte.

 

Amor a morir se ofrezca,

Si conmigo se apasiona;

Quien pues la muerte ocasiona,

También la muerte padezca.

 

Aun en mi muerte me afino

Cuando obedecerla trato,

Pues se le acaba lo ingrato,

Que es desaire a lo divino.

 

Y si dejo mi cuidado,

Le hago también un favor,

Pues muriéndose mi amor,

Acaba entonces su enfado.

 

Ya pues que en morir me empleo,

La muerte se acerque ya;

Mas creo que no vendrá,

Porque yo me la deseo.

 

Que tal desdicha ha logrado

Quien nunca vive en la dicha.

Que no viene una desdicha

Por quererla un desdichado.

 

De suerte si el golpe fiero

Porque quiero, no he de ver,

Ya no le quiero querer

Porque vea lo que quiero.

 

Rost.            Muere, señor, que muriendo

                   Con ese dolor profundo,

No has de sufrir en el Mundo

Mil cosas que estoy sufriendo.

 

In primis por declararte

De un abogado me quejo,

Que está vendiendo un consejo

Después de vender la parte.

 

Secundo te has de admirar

De un médico, cuando vieres

Que si tú por matar mueres

Éste vive de matar.

 

Tertio, un escribano suma

De muchos pobres el pan,

Haciéndose un gavilán

Cuando se pone la pluma.

 

Quarto, veo en un pelón

Que con canas barbas bebe,

Lo que le anochece nieve

Se le amanece carbón.

 

Quinto, y es caso bien sabido

Un marido sufrir osa

Al bello Sol de su esposa

En Capricornio metido.

 

Sexto, a mis ojos se avisa

Un hombre de poco aviso,

Que se precia de Narciso,

Y al fin viene a ser Narcisa.

 

Séptimo, sufro un gentil

Mercader, que es siempre exento,

Pues lo que compra por ciento

No suele vender por mil.

 

Octavo, un Judío acecho

Muy santarrón de cristiano

Con el Rosario en la mano.

Y con su ley en el pecho.

 

Nono, veo Pedantones,

Que ajenos versos hurtando,

Se están las uñas sacando,

Por negar que son ladrones.

 

En fin hay cosas iguales

En el Mundo, que el morir

Ya no se puede sentir

Por sentirse cosas tales.

 

D. Lop.         Déjame, Rostro, un instante.

 

Rost.            Voyme pues trazar en todo

                   El arte, Ia industria, el modo

De recobrar mi diamante. (Vase)

 

D. Lop.         Pero si quiero estimar

Mi amor, no es justo el morir,

Pues faltándome el vivir,

Vengo a perder el amar.

 

Si me muero, es afrentoso

A mi cuidado constante,

Pues no me quiero lo amante,

Si me niego a lo penoso.

 

De suerte que en mi dolor

Si lo amante se me ordena,

Sujete el amor la pena,

Y no la pena al amor.

 

Vengan en fin más tristezas,

Que las tendré por contentos,

Pues dándome más tormentos,

Me ocasionan más finezas.

 

Trata Leonor de afligirme,

Que cuando mi amor apuro,

Si fueres peña en lo duro,

Yo seré peña en lo firme.

 

Si te muestras rigurosa

Porque mi amor desmerece,

Como nadie te merece,

Con nadie serás piadosa.

 

Ansí que, si el desdeñar

Por tal razon apetezcas,

Como a ti sólo merezcas,

A ti sola te has de amar.

 

Cuando mi pecho pondera

Tu hermosura, y tu crueldad,

Al tiempo que una deidad,

Te estoy juzgando una fiera.

 

Dos firmezas considero,

Si amada, y dura te ofreces;

Una, con que me aborreces,

Otra con que yo te quiero.

 

Pero agora quiero dar

En mi amoroso sentir

Si a los ojos que dormir,

Al corazón que velar.

 

Duérmese, y después diga entre sueños

 

Ya tus ojos son piadosos,

Leonor, ya por mi consuelo

Te abrazo, teniendo el Cielo

En mis brazos venturosos.

 

Qué ventura! ¡qué recreo!

¡Qué bien! ¡qué gloria! ¡qué aliento!

¡Qué posesión! ¡Qué contento!

¡Qué alivio!

 

Despierta

 

¿Pero qué veo?

 

¿Es ilusión del cuidado?

Sí pero en ser bien lo fundo;

Que todo el bien, en el Mundo

Se pasa como soñado;

 

Pude en el sueño creer

Que con dulcisimos lazos

Daba a Leonor mil abrazos;

¡Qué bien se engaña el querer!

 

Ya Leonor hermosa, cuando

Blando sueño estoy teniendo,

Soy fino, pues aun durmiendo

No dejo de estar amando.

 

Mis ojos tienen ventura

A pesar de tus enojos,

Que aunque cerrados mis ojos

Pudieron ver tu hermosura.

 

Viéndote yo desta suerte,

Extraño bien se convida,

Pues pude yo ver mi vida

En quien retrata mi muerte

 

El sueño fué desigual,

Si el bien mis ojos no ven,

Pues concedióme aquel bien

Para sentir este mal.

 

Pero el sueño al corazón

No ha de ganar la vitoria,

Pues no le quita la gloria,

Si quita la posesión.

 

Ya no quiere mi dolor

Leonor, que lo que he soñado

Porque el favor que me has dado,

Aunque soñado, es favor.

 

Y debo más estimarlo,

Pues agora dulce dueño,

Si me lo diste en el sueño,

Lo tuve sin procurarlo.

 

Ya tengo muy bien sabido,

Si aqueste favor advierto,

Que lo que sufro despierto,

Quiere pagarme dormido.

 

¡Oh cómo honesta te adoro!

Pues cuando el favor me has hecho,

Favoreciste a mi pecho

Sin arriesgar tu decoro.

 

Si el hado pues desabrido

Me matare, no es penoso,

Pues ya muero venturoso,

Muriendo favorecido.

 

Corazón, la muerte dura.

Con ánimo has de esperar,

Que bien se puede animar

Quien se goza en la ventura.

 

Mas si tiene el pecho fino

A Leonor no temo el mal,

Que no puede lo mortal

Atreverse a lo divino.

 

De suerte si el pecho pide

El morir, en que se emplea,

Quien la muerte le desea,

También la muerte le impide.

 

Pero si queréis la palma,

De fino morir podréis,

Que el retrato entregaréis,

Para que lo guarde al alma.

 

Y sepa Leonor el trato

De amarla tan verdadero,

Que aun después, cuando me muero,

Ha de vivir su retrato. Vase

 

 

 

JORNADA TERCERA

 

Sale D. Leonor, y Flora

 

Flor.             ¿Cómo tanto le aborreces,

                   Cuando tú le amabas tanto?

 

D. Leon.        Si grande al amor lo juzgas,

                   Mayor al odio lo alcanzo.

                   Ya de D. Diego alevoso

                   Su traición considerando,

                   Con iras de aborrecido

                   Castigo errores de amado;

                   Y tanto el odio se aumenta,

                   Que siempre estoy deseando,

                   Aunque se nota imposible

Todo aquel tiempo pasado,

Que con amores indignos

Desperdició mi cuidado,

Para que en aborrecerle

Hoy pudiese aprovecharlo.

 

Flor.             Cuando D. Diego te olvida

                   Tu sueño, señora, es claro,

                   Pues para tu amor es muerto,

                   Aunque vivo se ha mostrado.

 

D. Leon.        Bien lo temían mis penas,

                   Pero importa remediarlo

                   Con otro amor.

 

Flor.             ¿A D. Lope Quieres amar?

 

D. Leon.        Castigado

Verá D. Diego su olvido

Con su amigo, porque usando

Mi pecho deste instrumento,

Le cause rigor doblado,

Pues mi venganza amorosa

Le ejecuto por las manos

De su amistad; que un castigo

En el corazón incauto

Viene a ser más lastimoso,

Donde es menos esperado.

 

Mas si D. Diego me ofende

Con otro amor ocupado,

Y yo pretendo vengarme

Con otro amor, estimando

De D. Lope las finezas,

Corto pues en lo que igualo,

El rigor de mi venganza

Por el filo de mi agravio.

 

Flor.             ¿Otro amor te ha encendido,

                   Cuando el uno has olvidado?

 

D. Leon.        Si un ejemplo te propongo,

                   Tus preguntas satisfago.

¿No has visto acaso dos fuegos,

Que en uno llamas notando,

En otro tibios ardores

Consideras, y si el Austro

El soplo respira entonces,

Al que vivía inflamado

Trémulas luces despoja,

Y al mismo tiempo contrario,

El que sin llama era tibio,

Queda con llama animado?

Ansí también de D. Diego

El amor, que estoy culpando,

Y el de D. Lope mi amante

Con los dos fuegos comparo;

Pues siendo aquél con su llama

En su ardor más alentado,

Tibios ardores en éste

Mi pecho estaba burlando;

Pero cuando venta el soplo

De una ofensa, desmayado

Se queda el amor primero,

Que era con llama gallardo;

Y de D. Lope el segundo

Se ostenta en llamas bizarro,

Conmoviendo con lo ardiente

A mi pecho lo abrasado.

 

Flor.             Mas ¿quién señora creyera

                   Que viendo a D. Diego grato,

                   Era ficción de engañoso

Lo que es fe de enamorado?

 

D. Leon.        No me admiro, porque siempre

                   A los civiles engaños,

Que los hombres más queridos

En el amor han formado,

Las mujeres se sujetan

O por flaqueza, o por daño.

 

Demás, que todos los hombres

Cuando quieren, han llamado

Las mujeres inconstantes,

Porque puedan a su salvo

Ellos culpar las mujeres,

Y ellas no puedan culparlos.

 

Oh! quién pudiera decirles

Si ellas pretenden amarlos,

De su inconstancia el desaire,

De sus traiciones el trato;

Porque entonces, porque entonces

No pudiese su recato

A precio de sentimientos

Escarmentar desengaños.

 

Flor.             Pero examino en D. Lope,

                   Cuando en lo fino reparo,

                   Que ha de ser firme querido,

                   Sí era firme desdeñado.

 

D. Leon.        Mal haya el tiempo, mal haya,

                   En que a mi pecho tirano,

                   A quien debía lo fino,

Pagó tan mal con lo ingrato:

Pero fué justo, que agora

Su firme amor festejando

Me empeña más lo amoroso

Por pagar lo despreciado;

Suya soy y seré suya,

Porque dos tiempos contando,

No quepa en un tiempo solo

De tanto amor lo acertado;

Y si agora en lo futuro

Me profetizo el amarlo,

Antes de lograr el tiempo

Ya me festejo el regalo.

 

Flor.             Leíste acaso, señora,

El papel que te ha mandado?

 

D. Leon.        De su papel en lo escrito

                   Parece que el niño sabio

Con la flecha y con la herida

La pluma, y tinta le ha dado.

Qué bien estima su pena!

¡Qué bien exprime su llanto!

¡Qué cortés se ha conocido!

¡Qué discreto se ha quejado!

Cuando ayer en sus renglones

Áspides estaba hallando,

Hoy cuando el papel pondero,

Dulcisimas flores hallo.

 

Flor.             ¡Oh! ¡quién pudiera pedirle

                   A D. Lope albricias, cuando

                   En la guerra de rigores

                   Dulce vitoria ha ganado!

 

D. Leon.        Para que sepa D. Lope

Que su proceder hidalgo

Con amor correspondido

Le paga el pecho inclinado,

Mandarle ahora pretendo

Por dar al alma un agrado;

Mas ven conmigo, que luego

Te lo diré.

 

Flor.             Procurando

La ocasión estoy, señora.

 

D. Leon.        Tus obediencias alabo.

 

Flor.             En quien sirve la obediencia

Sin jurarse, se ha jurado. Vanse

 

Sale D. Lope, y D. Diego

 

D. Lop.         Bien conocéis, D. Diego, mi nobleza.

 

D. Dieg.        Confieso respetoso su grandeza.

 

 D. Lop.        Tengo pues una hermana, a quien quisiera

Darle el estado, que en su honor cupiera,

Porque muriendo ahora de mi gusto,

No lo pueda achacar algún disgusto,

Sé también con alma agradecida,

Aunque nunca de vos correspondida,

Os tiene algún amor, por cuyo efeto

Con mi hermana casacos os prometo,

Que no es poco llevar anticipada

En la mujer la voluntad preciada.

 

D. Dieg.        Ya desa suerte una ventura gano

                   Cuando me hacéis, D. Lope, vuestro hermano;

                   Pero tened aliento en lo amoroso,

No me robe esa vida lo penoso.

 

D. Lop.         Diré luego a mi hermana el casamiento,

                   Por quitar dilaciones a mi intento,

                   Que no siempre ha de ser lo dilatado

                   Congojosa pensión de lo esperado.

                   Pero agora mi hermana enternecida

                   Fuése hablar con el dueño de mi vida,

                   Por intentar remedios a mi pena

                   Con quien aunque su efeto la condena:

Que una mujer tercera

En los trastes de amor es la primera,

Haciendo con su voz por simpatía

En la dama cruel blanda armonía;

Y quiera el niño arquero

Que a su corazón fiero,

Por tomar la venganza despreciado,

Le vibre del carcax harpón dorado.

 

D. Dieg.        No hay pino, no hay ciprés, que aunque sublime,

No postre el rayo si el incendio esgrime;

No hay corazón, no hay pecho, que aunque altivo,

Amor no postre, como el rayo vivo.

 

Sale Rostro, como quien pregona

 

Rost.            Albricias, ¿cuánto dan al pregonero?

                   Albricias, den en fin algún dinero,

                   Albricias pues.

 

D. Lop.         Que nueva me has traído,

Que tanto al corazón ha conmovido,

Pues ya despide la congoja dura

Por recibir mejor una ventura.

 

Rost.            Luego te lo diré, vengo cansado.

 

D. Lop.         Dime pues la ocasión del gusto mío.

 

Rost.            El mensaje te fío,

Si una cosa prometes.

 

D. Lop.         ¿Qué me quieres?

 

Rost.            Que no lo sepas tú, si lo supieres.

                   Pero ya, por quitarme lo gracioso

                   Que muchas veces causa lo enfadoso,

                   Un papel de Leonor.

 

D. Lop.         ¿De quién?

 

Rost.            De un diablo,

De Leonor decir quiero, en lo que te hablo;

Toma esta carta, que hubo su criada,  (Dale)

Como letra de porte encomendada.

 

D. Lop.         ¡Venturoso papel (no sé que diga

                   Cuando mi gusta aplausos averigua),

                   Venturoso papel, que aunque nevado,

                   Las llamas de mi amor has aumentado,

                   Efeto, que a su mano se le debe,

                   Cuando alimenta el fuego entre la nieve!

                   Ábrolo. pues, y cuando ansí lo veo,

                   Se abre la puerta a mi amoroso empleo;

                   Su mano beso en el papel ufano;

                   Por brindarle a mi labio con su mano;

                   Que es de un amante pensamiento justo

                   Al gusto dar lo que se niega al gusto.

 

D. Dieg.        Empezad a leerle, que al contento

                   Aplico en mi favor oído atento.

 

Lee la carta D. Lope:

 

Agradecida de vuestras finezas os amo, si bien

Recelo que os pegue alguna traición un amigo, que

Tenéis, el cual, me dicen, se llama D. Diego. Vuestra D. Leonor.

 

D. Lop.         El papel enigma ha sido,

No le entiendo sus renglones,

Que en cárcel de confusiones

Me tiene preso el sentido;

 

De suerte que en lo que veo,

Cuál es más, no se asegura,

Si el favor de mi ventura,

Si la ocasión de mi enleo.

 

¿Qué decis a mi pasión

Con este papel, D. Diego?

 

D. Dieg.        A muchos empeños llego, ap.

Si descifro la ocasión;

Pues ha de entonces saber

Lo que quisiera ocultar.

 

D. Lop.         Acabad de me explicar

Lo que no puedo entender.

 

D. Dieg.        Formo pues una ficción, ap.

                   Y le oculto la verdad;

Mas no, que hallan igualdad

La mentira, y la traición.

 

Ya que estoy, D. Lope amigo,

Con vuestra hermana casado,

Pues no ha de ser estorbado

Lo que hice por vos, os digo.

 

Leonor me amaba constante,

Yo también firme le amaba

Pero cuando se enfermaba

Vuestro pecho de lo amante,

 

A Leonor dejé burlada

Con ficción de un casamiento,

Porque en vuestro pensamiento

La viese entonces vengada.

 

Fué pues lo solicitado

De suerte favorecido,

Que alcanzasteis lo querido,

Cuando yo lo despreciado.

 

Esto, D. Lope, se entiende,

Cuando me llama traidor:

Que como es Rey el Amor,

Se hace traidor quien le ofende.

 

D. Lop.         ¿D. Diego a Leonor queria? ap.

                   ¡Hay suceso tan confuso!

 

Rost.            Es fábula, que compuso

                   Gongorática poesía.

 

D. Lop.         Notable agravio por Dios

                   Hicisteis a mi amistad,

Pues lo que juzgo lealtad

Conmigo, es traición con vos.

 

S vuestro pecho se ofrece

Regarme el amor, que os ciega,

Como la verdad se niega,

¿Algo de traición parece.

 

Si sois mi amigo, mal hecha

Fué la traición con la dama

Porque de traidor la fama

Puede darme una sospecha.

 

Injusto fué que ocultaseis

Vuestra amorosa pasión,

Si atentabeis mi afición,

A mi amistad atentaseis.

 

Que en demostración sincera

Dejando a vuestra lealtad,

Lo que era mi voluntad,

Un gusto en dejarlo os diera.

 

Y si diera mi albedrío

Lo que era vuestro, pudiese

Daros algo, cuando os diese

Lo que entonces no era mio.

 

D. Dieg.        D. Lope, nunca mal hice,

mi amor os encubrí,

Pues si yo no hiciera ansí,

No hicierais vos lo que quise.

 

Porque yo bien conocía

Que si mi amor conocierais,

Contra mí no pretendierais

Lo que yo me pretendia.

 

Y cuando Leonor me amaba

Con razón mi fe la dió,

Pues si no me amara, yo

Nada daba en lo que os daba.

 

Rost.            Señores, ¡hay tal escusa!

¿Vieron amigos como éstos?

Simplesillos son aquéstos,

No saben de lo que se usa.

 

D. Lop.         ¿Es posible, amor injusto,

                   Que vuestro gusto estorvé,

                   Cuando quisiera mi fe

                   Ocasionar vuestro gusto?

 

Mas si quise pretender

A Leonor, no admiréis vos

Que siendo un alma en los dos,

Fuese en los dos un querer.

 

Y sólo me admiro aquí

Que el alma lo conociese,

Y vuestro amor me encubriese

Cuando el alma estaba en mí.

 

No es bien que queráis casaros

Con mi hermana, es bien que agora

Habléis con D. Leonora

Para poder disculparos.

 

D. Dieg.        Disculpas no he procurado,

                   Pues si intento disculpar

Lo que hice, era confesar

Que en lo que hice, estoy culpado.

 

Que mi casamiento sigo,

Por quedar más obligado,

Cuando soy vuestro cuñado,

Y cuando soy vuestro amigo.

 

D. Lop.         A su casa he de llevaros.

 

D. Dieg.        Yo no puedo obedeceres.

 

D. Lop.         Allá presente he de veros.

 

D. Dieg.        Yo no puedo acompañares.

 

D. Lop.         Habéis de venir conmigo.

 

D. Dieg.        No mandéis lo que es injusto.

 

D. Lop.         Hacedme agora este gusto.

 

D. Dieg.        Dejadme, si sois mi amigo.

 

D. Lop.         ¿Qué esperáis?

 

D. Dieg.        No voy, por Dios.

 

D. Lop.         Esto os pido.

 

D. Dieg.        Mal lo ateto.

 

D. Lop.         Venid ya.

 

D. Dieg.        ¡Notable aprieto!

 

D. Lop.         ¿Qué decís?

 

D. Dieg.        Ya voy con vos.

 

Vanse, y quede Rostro

 

Rost.            Sabrán, señores, y agora

                   Dijéronme a mi pesar,

                   Que al valentisimo

                   Puño He desafiado, ya,

Miren ustedes ¿qué bodas

Para yo me convidar?

Donde la Parca es trinchante

Con el cuchillo mortal a causa del desafio

Dicen que él mismo la da,

Porque hurtóme aquel diamante,

Que caro me ha de costar:

Mas no me espanto, si pierdo

La que también quise hurtar,

Porque siempre male parta

Male dilabuntur: ya

Con ser sólo medio cuarto,

Cansado estoy de esperar,

Pensando yo que he de ver

En, cuartos mi humanidad:

¿Él viene? no; si le espero,

Mil tragos he de llevar

Que aunque tragos no son buenos

Porque aquí vino no está.

Mas, ¡ay de mi! que él se acerca,

Y en su furor infernal

Veo un Portugués Magrizo,

Y veo un Francés Roldán;

Válgame en este conflito

San Jorge de Portugal.

 

Sale Puño

 

Puñ.             Por un papelito Rostro

Mandóme desafiar,

Titubeo en referirlo;

¡Quién se ha visto en otro tal!

Valga al diablo mi codicia,

Porque le quise tomar

El diamante, que aunque es claro,

Negro se muestra en mi mal.

Más ánimo, lacayote,

¿No soy Puño tan audaz,

Que me hacen merced los buenos

De llamarme escarramán?

A Rostro he de deshacerle

De suerte, que se verá

Cómo yo, cuando en un puño

Lacayos suelo estrellar.

Mas vitor, alma tristona,

Que el no viene, miedo me ha;

Mas, ¿qué dice? ¡ay deste Puño!

Que él ha venido,  san Blás!

 

Rost.            Antes que su furia osada

                   Empiece a desenvainar,

                   Quiero con buenas palabras

                   Ablandarle por demás.

Señor Puño, ciertos hombres

Amigos de enemistad

Me indujeron que os mandase

A desafio llamar;

Yo que soy hombre amiguillo

De la vida, y de la paz,

Sólo quiero que el diamante

Me vuelva su urbanidad.

 

P.                El alma me ha vuelto al cuerpo, ap.

Plegue a Dios por tal piedad

Que le dé caballeriza

Con estiércol que limpiar;

Señor Rostro, no pensaba

Que le pudiese empeñar

La burla de aquel diamante

A tal valor; pues sabrá

Que el diamante yo le tengo,

Y que aquí lo quiero dar. (dale)

 

R.                ¡Hay tan graciosa ventura!

                   Pero si él medroso está

Es bien que quiera brindarle

El trago de pelear.

 

P.                 Pero si yo no peleo,

¿Cuántas necias me dirán

Que el desafio no aceto?

¡Qué alcorza para acetar!

 

R.                Quiero que saque esa espada.

 

            P.                La suya se ha de sacar

                   Primero, que es cortesía Debida a su calidad.

Saca Rostro su espada bien vieja

 

R.                Ea, ya la tengo fuera,

Y no ha de comer más pan,

Que pués ya fuera la miro,

Dentro dél se ha de ocultar.

Ea cobarde, ¿qué espera,

Si ve mi temeridad?

 

P.                 Vea primero en el suelo

Si la espada ha de quebrar,

Que pues pelea conmigo,

Es bien que seguro va.

 

Mira en el suelo su espada

 

R.                Ya la tengo bien mirada.

 

P.                Pues ya saco.

 

R.                ¡Bravo azar!

 

P.                El montante de mi furia:

                   Y veamos si es igual

                   Ese acero con el mio.

 

Miden las espadas ridículamente

 

Pues si me quiere aguardar,

Guarde su cuerpo, y si no,

Su vida se afufará.

 

R.                Ya le doy la muerte.

 

Dánse las espaldas uno a otro

 

P.                Yo por aquí.

 

R.                Yo por acá.

 

P.                Mire cómo su cabeza

                   Se mira de par en par.

 

R.                Mire cómo sus bigotes

                   Se los llevo de un gilvás.

 

P.                Pero el cobarde escapóse.

 

R.                Él huyó como un patán.

 

P.                 Él se fué, porque temía

                   En mi furia un Barrabás.

 

R.                Perdió su cuerpo un vestido,

                   Si pudiese acuchillar

A su cuerpo, con que entonces

Se mostraría galán.

 

P.                ¿Pues que se ha ido el gallina,

                   Voyme yo; la necedad

                   No quiero del desafio,

                   Porque se quiso hidalgar,

                   Y como yo soy lacayo,

                   No le tengo voluntad.

 

Éntrase por una puerta

 

R.                Él se fué, pues voyme yo,

                   Que tengo necesidad

De hacer cierta diligencia

Por delante, y por detrás.

 

Éntrase por otra puerta, y sale D. Leonor,

y D. Isabel con manto

 

D. Isab.        Por mi hermano esta visita,

                   Bella Leonor quise haceros,

                   Para dar a conoceros

El fino amor, que le incita;

Pues si explicar solicita

Delante de mí su afán,

Tal amor las quejas dan,

Que aunque hermana, si me llama,

Yo me parezco su dama,

Y él parece mi galán.

 

De suerte que yo le digo,

Cuando le veo quejoso,

Que no muestre lo amoroso

De sus ternezas conmigo:

Porque entonces le averiguo

Que los celosos recelos

Os pueden dar sus desvelos;

Mirad lo que amor allana,

Que de un amante la hermana

Os puede causar los celos.

 

D. Leon.        Isabel, conosco bien

De vuestro hermano el amor,

Y que en él muestra el primor

De sus finezas también;

Y si hasta agora el desdén

Ha sentido su afición,

Le ha de amar mi corazón

Desde aquí con tal grandeza,

Que se haga naturaleza,

Lo que se logra elección.

Ya mi gratitud es justa,

Aunque lo ingrato ostentaba,

Porque a mi pecho abrasaba

De otro amor la llama injusta.

 

D. Isab.        ¿Amor tuvisteis?

 

D. Leon.        Si gusta

 

Vuestro pecho que le nombre,

A quien mi venganza asombre

Por vos le dirá mi labio,

Aunque renueve mi agravio,

Cuando pronuncio su nombre.

 

D. Isab.        Pues decid, Leonor, ¿quién ciego

                   Os ha burlado inconstante?

 

D. Leon.        Un vil, un traidor amante,

                   Yo lo digo ya: D. Diego.

 

D. Isab.        ¿D. Diego?

 

D. Leon.        Sí; a saber llego,

Cuando celos os convida,

Que ereis la dama querida,

Con quien dijo se casaba.

 

D. Isab.        ¡Ay amor! Bien recelaba, ap.

                   Otra dama es pretendida.

 

D. Leon.        Juzgad pues, que es lastimoso

                   Vuestro amor en mi fortuna,

                   Que amante que fué con una,

                   Será con otra alevoso.

 

D. Isab.        ¡Hay traidor mas engañoso! ap.

                   ¿Quién es, cielos, la mujer,

                   Que dijo suya ha de ser?

 

D. Leon.        Bien empezáis a penar.

 

D. Isab.        Con esto he de equivocar

                   Lo que dice el padecer.

                   Siento, Leonor, las traiciones,

                   Que D. Diego ocasionó,

                   De suerte que siento yo

                   Por mías vuestras pasiones;

                   Y en estas demonstraciones,

                   Que mi pecho quiere usar,

                   Os viene a manifestar

                   (Esto amor hace en las dos)

                   Que siendo el pesar por vos,

                   Por mi padezco el pesar.

 

D. Leon.        O le queráis, o él os quiera,

                   Bien libre estoy de quererle,

                   Que quien traidor pudo verle,

                   Otra vez traidor le viera,

                   Pues quien en la vez primera

                   Por traidor se ha declarado,

                               Segunda vez infamado

Traidor le veremos, pues

Siendo fácil una vez,

Ya queda en otra inclinado.

 

D. Isab.        A mi hermano agradecedle